Hoy toca entonces Ueda Akinari 上 田 秋成. Este hombre es considerado uno de los padres de la literatura japonesa. Nació de una prostituta (con lo que del padre ni hablo), y lo recogió un mercader con dinero. Tubo viruela, cuando tener viruela significaba que palmabas casi seguro, pero “gracias” a la intervención de la deidad del zorro se salvo – solo le quedaron los dedos de las manos deformados. A la muerte del padre adoptivo heredó su negocio (papel): un completo desastre que acabo en incendio y le dejo libre para estudiar medicina. En 1776 empieza a ejercer de medico al mismo tiempo que publica sus obras, dentro del genero yomihon – ficción popular.

También estuvo metido en el kokugaku, el estudio de la filología y la literatura clásica japonesa. De un modo simplificado: no a la influencia extranjera en la cultura japonesa, no al idioma chino, no al budismo, no al confucionismo. Eso si, si al shinto, que por algo le salvó un zorro. Quizás por eso tampoco fue de los mas radicales, y si metió algo de literatura china de por medio. Palmo a los 76, en Kyoto, lo que teniendo en cuenta que vivió a caballo entre el siglo XVIII y XIX, ya es vivir largo tiempo.
El cuento que nos hemos leído es “El caldero de Kibitsu”, dentro de su libro “Cuentos de lluvia y de luna”. La historia es original, y mezcla conceptos de lealtad hacia la familia, amor y deidades del otro mundo. Si uno le da al google un poco se puede encontrar ficheros PDF.